Innovación educativa (o metodológica, didáctica, pedagógica... no importa). Uno de los conceptos más socorridos y utilizados en estos últimos tiempos. Realicemos una búsqueda en Google con estas palabras, a ver qué sucede.... ¡Más de 280.000 resultados! ¡Cientos de blogs dedicados a la innovación! ¡Miles de videos! ¡Montones de experiencias! Asusta un poco, ¿no os parece?
Con este panorama, es lógico que muchos maestros sientan vértigo ante la propuesta de innovar. Por definición, los docentes somos bastante inmovilistas y tradicionales en lo que se refiere a metodologías y formas de enseñar (a nosotros, ¡que no nos saquen de nuestra zona de confort!). Y la idea que se tiene de "innovación" no ayuda demasiado, la verdad. Estoy seguro de que si pedimos a nuestros compañeros qué es lo primero que les viene a cabeza cuando se les habla de este concepto, seguro que la mayoría lo asocian con grandes proyectos, con el uso de nuevas tecnologías e Internet, romper el esquema tradicional de horarios, salir del aula... Y si, para rematar la faena, se les habla de metodologías como "the flipped classroom" o " gamificación" es posible que alguno abra la ventana y salte en el acto.
Pero... ¿alguien se ha parado a reflexionar sobre el significado de la palabra "innovación"? Lo mejor será que acudamos a la Real Academia de la Lengua, para que nos dé algo de luz al respecto. Según encontramos en el diccionario, "innovar" significa "mudar o alterar algo, introduciendo novedades". Reflexionemos, pues, sobre este concepto, porque seguro que tranquilizará a todos aquellos que no os consideráis capaces de innovar. Para ser un maestro innovador no hace falta ser un revolucionario, ni descubrir nada nuevo. Sólo es necesario CAMBIAR ALGO, INTRODUCIR ALGUNA NOVEDAD EN EL AULA.
Así pues, si no lo habéis hecho ya, os voy a proponer tres sencillas acciones que podéis llevar a cabo en vuestras aulas (si es que no lo habéis hecho ya) para empezar a "innovar":
1.- Realiza algún pequeño cambio en los agrupamientos de tu aula. Pasa del trabajo individual a plantear actividades en parejas, tríos, equipos y gran grupo. Procura que los grupos sean heterogéneos y equilibrados, y déjales un poco de margen para el trabajo, aunque estés controlando en todo momento lo que suceda en los mismos. No tengas miedo al ruído en el aula. Es lógico que suban los decibelios en clase, y debes permitirlo, siempre y cuando estén hablando sobre lo que corresponde. Para facilitarte la labor, hay muchísimas técnicas de aprendizaje cooperativo que pueden ayudarte y darte ideas.
2.- Diseña actividades que promuevan una "socialización rica" del aula, bien invitando a alguien ajeno a entrar en el aula e interactuar con tu alumnado (socialización de fuera - adentro) o bien llevándote a tus alumnos fuera del centro para sean ellos quienes interactuen con su entorno (socialización de dentro - afuera).
3.- Pregunta a tus alumnos y a sus familias. Atrévete a escucharles. Averigua cuáles son sus deseos, sus intereses, sus necesidades. Y, en la medida de lo posible, trata que estos se puedan cumplir en clase. Y, además, que puedan evaluarse, tanto a ellos mismos como a sus compañeros.
¿Es posible que todo eso ya lo hagas o lo hayas hecho? Entonces... ¡puedes considerar que, en algún momento de tu carrera, has sido innovador! Y ni siquiera hemos utilizado las tan temidas, pero no imprescindibles, TIC.
A partir de ahí, y poco a poco, nos podemos plantear otras pequeñas acciones que se puedan llevar a cabo para favorecer el cambio de modelo de escuela que demanda la sociedad actual. Eso sí, para no agobiar a nadie, esos pasos siguientes los trataremos en una entrada posterior, ¿de acuerdo?
Hace unas pocas semanas, y gracias a una entrada en uno de los blogs que sigo con asiduidad (http://justificaturespuesta.com/como-aumentar-la-productividad-docente-con-el-metodo-gtd/), cayó en mis manos uno de esos libros de "autoayuda" que proliferaron tanto a raíz del éxito de "¿Quién se ha llevado mi queso?". El artículo me pareció interesante, por lo que me decidí a comprar el libro. Ahora que ya lo he leído, me gustaría compartir con vosotros la experiencia que ello me ha supuesto.
En primer lugar, debo advertir que se trata de una obra pensada fundamentalmente para aquellas personas trabajan en un ámbito empresarial, por lo que no se trata de un libro que trate temas docentes. Por ello, hay algunas partes del mismo que tienen difícil aplicación para nosotros. Sin embargo, hay otras que sí nos pueden ayudar mucho en nuestra gestión y, es por ello, que recomiendo su lectura a cualquier maestro que sienta que no tiene tiempo para realizar todas las tareas que se nos exigen estos últimos tiempos. Como libro, tiene una lectura fácil y rápida. No resulta "indigesto" en ningún momento y, con un poco de dedicación, se puede terminar en apenas una o dos semanas. Y, con respecto a qué apartados son de aplicación para nosotros y cuáles no... dependerá del punto de partida de cada uno. Recomiendo que se lea con sentido crítico y analítico, tomando aquellas ideas que realmente creamos que nos pueden ser útiles, y desechando aquellas que no.
En mi caso, debo admitir que la lectura y aplicación de aquellas ideas que he seleccionado del método propuesto me ha ayudado bastante a mejorar mi organización y a gestionar con más fluidez y eficacia los recursos que manejo. Y un efecto colateral a esto, aunque también se señala como uno de los propósitos principales que tenía el autor cuando escribió esta obra, es que me encuentro mucho más relajado y tranquilo, y percibo que mi nivel de estrés se ha reducido también notablemente.
No es mi intención hacer aquí un exhaustivo resumen de todas las propuestas que se hacen en el libro, ni mucho menos. Quien esté muy interesado, que lo compre y lo lea, seguro que no se arrepentirá. De todos modos, para que os hagáis una idea de qué planteamiento hace, os dejo este diagrama de flujo:
Éste es el sistema de organización que plantea el autor, David Allen, y que luego desarrolla a lo largo de las páginas de su ensayo. Por cierto, GTD es el acrónimo de las palabras inglesas "Getting Things Done", que se podría traducir como "Conseguir que se hagan las cosas".
De todos los planteamientos que encontramos en esta propuesta, voy a destacar las tres cosas que yo he decidido aplicar en mi vida, y que me están funcionando realmente bien:
1.- Sacar las cosas de la cabeza: según el autor, intentar recordar las cosas que tenemos que hacer nos quita mucha energía, nos distrae mientras tratamos de hacer otras, y nos genera mucho estrés. Es fundamental que lo anotemos todo en el momento en que se nos ocurre. Yo ya lo estoy haciendo. Y realmente funciona. Es sorprendente cómo, por el simple hecho de saber que lo tengo anotado y que ya no se me va a olvidar, soy capaz de eliminarlo de mi cabeza. Por supuesto, tal y como he comentado con anterioridad, es importante tomar esta propuesta según tus posibilidades y adaptándola a las mismas. Este libro ya tiene unos años, la tecnología ha avanzado, y nuestra profesión tiene unas características y necesidades que no son idénticas a las de un empresario.
Yo utilizo, básicamente, tres recursos para dejar anotadas las tareas que tengo:
a) El correo electrónico: todo lo que me llega lo tengo organizado por carpetas. Es un buen recurso para saber qué tengo pendiente.
b) Mi agenda escolar: las tareas que tienen que ver con la gestión del aula las anoto allí.
c) Una aplicación llamada Evernote. Imprescindible me resulta su versión para móvil, ya que éste lo suelo llevar siempre encima y me permite anotar cualquier cosa que se me ocurra en todo momento. Además, lo tengo también instalado en mi portátil (para consultarlo en el trabajo) y en el PC (para consultas en casa). Sincroniza automáticamente, por lo que es una herramienta muy recomendable.
2.- La regla de los dos minutos: según prescribe esta regla, si una tarea te va a llevar menos de dos minutos... ¡hazla ya! Parece una tontería, pero yo me estoy dando cuenta que, aplicando esta sencilla regla, el número de tareas que se me acumulan está disminuyendo muy rápidamente. Y tengo la sensación de ser mucho más ágil y eficaz.
3.- Situación - tiempo - energía - prioridad: esta fórmula se aplica para decidir qué tareas realizar en primer lugar. Se trata de seguir, en este orden, estos criterios. Es decir, primero haré aquellas tareas que solo pueda hacer en el sitio en el que estoy (situación), después aquellas para las que sé que tengo tiempo suficiente para terminarlas (tiempo), luego, aquéllas que me encuentro con fuerzas y ganas para hacer (energía) y por último, si se dan todos estos criterios para varias actividades, elegiré hacer aquélla que es más urgente (prioridad).
Quiero terminar esta entrada animándoos a leer el libro y poner en marcha este método (o parte de él). Como he empezado diciendo, leer un artículo similar a éste en un blog fue mi motivación para hacerlo. Me sentiría muy satisfecho si alguien siguiera ese ejemplo y la lectura de estas líneas le animaran a hacerlo.
Un par de vídeos para introducir la reflexión que quiero compartir hoy con vosotros:
Hablar del prestigio de la profesión docente, hoy en día,es poco más o menos lo mismo que hablar de la caída del Imperio Romano: en ambos casos se trata de hechos del pasado. La nuestra es una profesión absolutamente desprestigiada, vilipendiada y cuestionada. Es triste decirlo, pero así hay que reconocerlo.
No sabría qué ha ocurrido para que esto sea así, pero en cuestión de pocos años, el maestro ha pasado de ser una figura reconocida y respetada, a ser el blanco de las críticas de gran parte de la sociedad. No he realizado ningún estudio para poder presentar aquí cuáles han sido los motivos para ello, pero sí tengo algunas sospechas acerca de los agentes que han provocado esta situación. Puedo estar equivocado, pero voy a tratar de presentároslos:
1.- Los políticos y administración educativa: obviamente, no resulta serio lo que está sucediendo con la legislación educativa en estos últimos 20 años. Reformas, contrarreformas y requetecontrarreformas. Esta falta de estabilidad, y el uso de la educación como arma política no favorece sino el enfrentamiento entre diferentes colectivos y la sensación de que pueden hacer con nosotros lo que les venga en gana. Además, desde la propia administración educativa, con sus decretos, órdenes y resoluciones varias, se está promoviendo el debate social sobre algunas cuestiones "polémicas" (vamos a decirlo así). La bandera de este desprestigio es, evidentemente, la cuestión de las vacaciones....
2.- Las madres / padres del alumnado: todo el mundo opina sobre lo que hacemos, cada vez tengo una mayor sensación de que, si pudieran, nos organizarían las aulas y todo el colegio. En lugar de ser nuestros aliados, y darse cuenta de que lo que hacemos, lo que proponemos y decidimos tienen como único fin el lograr una mejor educación de sus hijas / os, parece que seamos sus enemigos, que queramos molestarles con nuestras observaciones y que amenazamos la comodidad en la que están instalados con nuestras sugerencias. No lo digo yo, solamente. Como muestra, os recomiendo que leáis estos fabulosos artículo acerca de una de las últimas situaciones con la que nos encontramos:
Sin embargo, paradójicamente, a pesar de esa falta de confianza en los colegios y en los profesionales que trabajan con sus hijos, demandan que puedan pasar cada vez más tiempo en la escuela. Los apuntan a todas las actividades extraescolares que pueden, y si por ellos fuera, la jornada escolar empezaría a las 9 de la mañana (antes, no, que tampoco apetece tener que madrugar demasiado) y terminaría a las 20:00. Así les daría tiempo a tomar café con las amigas, ir al gimnasio, ver "Sálvame" tranquilamente... ¡y ponernos a parir por lo poco que trabajamos! No sé si el aumento del paro ha contribuido a esto, pero en muchas ocasiones me da la sensación de que no tienen otra cosa en que pensar, así que dedican sus esfuerzos intelectuales a criticar lo que se hace en el colegio de sus hijos... Un poco de humor gráfico para ejemplificar la actitud de muchas familias hacia la figura del maestro:
3.- El propio profesorado: me he dejado para el final al colectivo al que trabajo, porque una grandísima parte de culpa de lo que nos sucede la tenemos nosotros mismos. De hecho, debo decir que esta entrada en el blog se desencadena a partir de una rocambolesca situación que he conocido estas últimas semanas. Y que ha provocado mi indignación, como imagino habréis podido ver a lo largo de las líneas anteriores. Os pongo en antecedentes. La Conselleria de Educación de la Comunidad Valenciana (vuelta al primer agente que he señalado como culpable de lo que ocurre) decidió, antes de las vacaciones veraniegas, regular el horario de los colegio para Educación Primaria, de manera que todas las sesiones lectivas duren 45' y haya un total de 6 al día, 4 por la mañana y 2 por la tarde. Además, la ley especifica que la jornada escolar empieza a las 9'00 y termina a las 17'00. Vamos, no hay que ser un gran matemático para sacar el horario. La única posible intervención que teníamos los centros era determinar si las tardes queríamos empezar a las 15'30 y terminar a las 17'00, o solicitar una modificación para empezar a las 15'00 y terminar a las 16'30. En todo caso, las madres / padres (vuelta al segundo agente que he señalado como culpable de lo que ocurre) de nuestro alumnado se iban a ver perjudicados, ya que la hora del café / siesta / gimnasio se les acorta. Así ha sido, y así nos lo han hecho saber con diferentes grados de educación, claro está. Obviamente, a ninguno de los damnificados se le ocurre culpar de este enorme perjuicio que sufren a la administración, sino que, naturalmente, la culpa es del colegio al que van sus hijos...
Era importante conocer estos antecedentes, porque la decisión tomada por algunos centros cercanos al que yo trabajo ha sido... ¡MANTENER EL HORARIO DE 15'00 A 17'00! ¿Qué tiene esto de sorprendente? Simplemente, que se obliga al profesorado a trabajar media hora más al día, sistemáticamente, durante todo el curso. Esto hace un total de 2'5 horas extra semanales a la semana; es decir, 10 horas extra mensuales durante todo el curso... Eso, sin tener en cuenta las horas que luego empeñamos en casa. Esas horas que prácticamente nadie en la sociedad sabe que se hacen, aunque nosotros y nuestras familias sí que lo saben.
Quiero recalcar en este punto la obligatoriedad que he comentado anteriormente, porque lo que comentan las madres entre sí es que se han ofrecido voluntariamente para ofrecer un mejor servicio a las familias. ¡Y un cuerno! ¿Cómo puede haber alguien que se crea esto? A mí me resulta absolutamente inverosímil que TODOS los trabajadores se hayan ofrecido para trabajar TODOS los días de la semana durante TODO el curso... A no ser que en esos colegios los maestros sean todos solteros, sin aficiones fuera de su trabajo ni vida personal. En ese caso, podría llegar a entenderlo.
Y esto me lleva a plantearme una segunda cuestión. ¿Durante cuánto tiempo piensan sostener esta situación? Imagino que la intención de la dirección del colegio será solicitar la jornada continua a partir del próximo curso (cuestión sobre la que tengo intención de incluir una entrada también en este blog), pero mucho me temo que esta situación de explotación laboral no mejoraría con este cambio.
Sinceramente, considero este hecho absolutamente vergonzoso y denigrante para nuestra profesión. Si estamos dispuestos a consentir esto, a que nos pisoteen de esta manera... ¿cómo vamos a pedir un mínimo de respeto hacia nuestra labor? Perdemos toda nuestra autoridad, desde el mismo momento en que los afectados consienten este atropello. Debo decir que soy consciente de lo sencillo que resulta criticar a otros compañeros cuando yo mismo no me he visto en esta disyuntiva. Yo creo que me negaría, pero uno nunca puede decir "de este agua no beberé", sobre todo si el único jornal que entra en casa es el propio y una rebeldía así puede suponer la pérdida del puesto de trabajo. Ahora bien, ¿para qué tenemos enlaces sindicales en los colegios? ¿No hay nadie que nos pueda defender ante este tipo de tropelías?
Por último, sin pretender ser vidente ni jugar a adivinar el futuro, me temo que esta situación puede desencadenar en una serie de consecuencias negativas para la formación del alumnado. En primer lugar, no creo que el ambiente en el que se vaya a trabajar sea óptimo. Por otra parte, ¿estará dispuesto el profesorado a realizar algún tipo de sacrificio más? Me figuro que es más que posible que el profesorado no tenga ninguna gana de organizar actividades complementarias que le suponga alargar todavía más su jornada laboral. Y qué decir de la formación permanente. ¿Se les puede pedir a estos profesionales que sacrifiquen todavía más su vida familiar asistiendo a congresos, conferencias, cursos...?
Para finalizar, una duda, ¿sabéis de alguna otra profesión en la que se dé este tipo de situaciones?
P.D.: Estoy totalmente indignado, y supongo que se me nota. Si he podido ofender a alguien con algún comentario, pido disculpas.
Hace ya poco más un mes que empezamos las clases, en una cada vez más prematura "vuelta al cole". Como muchos sabréis y habréis oído en las noticias, o léido en los diarios, en la Comunidad Valenciana este hecho no ha estado exento de polémica, porque ha coincidido el curso en que más pronto se incorporaba el alumnado a las aulas, con el septiembre más caluroso de hace muchos años. No es mi intención polemizar aquí, ni criticar las decisiones que se tomen a nivel político. Lo que quiero con esta entrada del blog es aprovechar esta coyuntura para defender la conveniencia de planificar un buen inicio de curso, de tal forma que la incorporación del alumnado al centro tras un descanso vacacional de cerca de dos meses sea progresivo y agradable.
En el colegio José Arnauda hemos adoptado como metodología propia de centro (es decir, que se realiza desde Infantil hasta Secundaria) lo que denominamos "Unidad de Acogida y Evaluación Inicial". Se trata de diseñar un conjunto de actividades que giren en torno a un eje temático que les resulte motivador, y entre las que se incluyan dinámicas grupales, actividades de técnicas de estudio, presentación de las materias...
En 6º hemos planteado una unidad que gira en torno a las Inteligencias Múltiples, de tal manera que cada día de la semana trabajamos una de ellas, para terminar realizando una reflexión en torno a las habilidades que cada uno de ellos posee. A continuación podéis dar una ojeada con mayor detalle al diseño inicial de la misma:
La valoración realizada por el profesorado implicado en la implantación y puesta en práctica de esta evaluación es muy positiva. Cabe señalar que para el diseño de la misma se trabajó en coordinación con el departamento de orientación de nuestro colegio, quienes realizaron una grandísima labor definiendo qué ítems conviene observar en cada uno de los niveles de la etapa. De este modo, al diseñar la unidad de acogida nos resultó relativamente sencillo escoger algunos de estos ítems que queríamos evaluar en nuestro alumnado, y con posterioridad, determinar una actividad y una herramienta para su evaluación.
Con todos los datos obtenidos, los primeros días del mes de octubre realizamos una sesión de evaluación inicial, en la que están presentes todos los maestros que inciden en el grupo, para realizar las propuestas de mejora pertinentes para la clase. Del mismo modo, se determinan las medidas de atención a la diversidad que den mejor respuesta a las necesidades educativas del alumnado.
Igualmente, el alumnado tiene la posibilidad de opinar acerca de todas las actividades en las que han participado en esta unidad. Su opinión, por tanto, es tan importante como la nuestra, ya que uno de los principales propósitos de esta metodología es incorporarse a la escuela de una forma agradable y nada traumática tras el parón vacacional. Y es una gran satisfacción para mí comprobar que el objetivo está más que conseguido. Su valoración es muy positiva, en todos los casos afirman que les ha gustado mucho esta forma de empezar el curso, que les gustaría repetirla en cursos posteriores, y apenas realizan sugerencias de cambio o mejora en la misma.
En definitiva, se trata de una metodología sencilla, y muy recomendable para iniciar el curso.
Las reuniones generales que celebramos a principios de curso con las familias de nuestro alumnado son importantes. Más que eso. Diría que son fundamentales. Es absolutamente imprescindible informar lo antes posible de todos aquellos aspectos que consideramos necesarios para el correcto funcionamiento del curso. Y, por supuesto, también ayudan a crear un clima de confianza mutuo y a establecer los canales de comunicación tan necesarios para el seguimiento de la educación de nuestros alumnos, sus hijos. Supongo que todo esto, ningún docente lo discutirá.
Ahora bien... Tengo la sensación de que la organización y el desarrollo de estas reuniones es uno de esos aspectos que permanecen invariables en nuestras escuelas desde hace muchísimos cursos. Hablo de un evento en el que el tutor habla y habla sin parar durante varias horas; donde los familiares que acuden tienen un rol absolutamente pasivo, de simples oyentes (en algunos casos, os aseguro que esa función "oyente" deja de también de existir a los pocos minutos de empezada la sesión); en la que el contenido del que se informa a los asistentes es el mismo (con alguna leve variación, en el mejor de los casos) curso tras curso; y en las que del soporte visual que sirve de apoyo a las palabras del tutor (el inevitable "power point") solo se han cambiado las fotografías que lo acompañan, poniendo las de los hijos de los asistentes para que así se sientan más identificados....
¿Es esto útil? ¿Conseguimos con estas reuniones el objetivo que nos proponemos? Seguramente, no. Por ello, ya desde hace un par de cursos me tomé un tiempo para la reflexión y para tratar de plantear alguna fórmula organizativa diferente a esto tan habitual. En 6º, que es el curso en el que trabajo, me atrevía ya el pasado curso a presentar una reunión general "diferente". Y debo decir que la experiencia ha sido absolutamente satisfactoria, tanto para el profesorado que dirige y organiza estas reuniones, como para los familiares asistentes a las mismas. Este curso ya la he tenido también. Creo que es bueno reunirse con las familias lo antes posible, para poder dialogar y establecer unos acuerdos que nos ayuden a todos durante todo el curso. En base a la experiencia del curso anterior y a la evaluación que se hizo de la misma, se han introducido una serie de mejoras, aunque básicamente el planteamiento sea el mismo.
Así pues, tras esta fabulosa experiencia, extraigo aquí una serie de recomendaciones que podéis tener en cuenta si queréis que vuestras reuniones generales con las familias no sean monótonas y aburridas:
1.- Sorpréndeles desde el mismo momento de acceder a la sala donde se celebre la reunión. Simplemente con cambiar la distribución habitual de las sillas, colocándolas en círculo o en pequeños grupos, ya conseguirás captar su atención y crear un ambiente "diferente".
2.- Ambienta la sala con una música que les acompañe en los momentos en que entran a la reunión y mientras se sientan. Si, además, puede ser una canción que lleve implícito un mensaje seleccionado previamente, mejor. En nuestro caso, usamos las canción "Let me entertain you", de Robbie Williams. Empezamos la reunión preguntándoles si sabían qué dice el estribillo ("deja que te entretenga"), y planteándoles que ése precisamente era el objetivo que nos habíamos propuesto para esa tarde: entretenerles, en la misma medida en que les informamos.
3.- Procura que la reunión se celebre en un lugar donde los asistentes puedan estar cómodos y a gusto. Seas tutor del nivel que seas, el mobiliario de nuestras aulas no es adecuado para los familiares. Por tanto, piensa en la infraestructura de tu colegio, y elige el mejor lugar. Si además, el sitio en cuestión está bien ventilado, mejor que mejor (queda clara que esta reflexión surge después de sufrir el calor tremendo que hemos tenido en esta vuelta al cole).
4.- Determina una duración máxima para la reunión. Personalmente, creo que una hora sería perfecto, pero en ocasiones resulta imposible. En ningún caso debería superar la hora y media. Comunica a los asistentes la hora prevista para finalizar el encuentro, y sé escrupuloso con los horarios, tanto para empezar como parar terminar.
5.- Elabora un listado con todas aquellas informaciones que quieres comunicar a las familias. Elimina todas aquellas que vienen repitiéndose curso tras curso, priorizando las novedades y aquellas que quieras recordar necesariamente.
6.- Renueva tu material visual de apoyo. Busca alternativas al "power point" que vienes gastando desde hace muuuuuuchos cursos. Experimenta con otros recursos mucho más dinámicos y atractivos, como por ejemplo "Prezi" o "PowToon".
7.- Cambia la dinámica de la reunión para que los asistentes tengan una participación activa. Que no sea el profesorado quien habla todo el rato, y las familias solamente puedan preguntar algo en el apartado de ruegos y preguntas. Piensa alguna dinámica motivadora en la que las familias tengan la palabra. Así, además, podrás aprovechar para pedirles una mayor implicación en la educación de sus hijos.
8.- Muévete por la sala, sé dinámico... De este modo conseguirás mantener unos niveles de atención adecuados, y podrás interactuar más y mejor con los asistentes.
9.- Bromea, sé divertido. Las reuniones son serias, claro que sí, y hay que plantearlas con rigor y profesionalidad. Pero eso no está reñido con crear un clima distendido y de confianza. Si consigues que se rían en determinados momentos, si logras que la sesión transcurra en un clima ameno... ¡tienes mucho ganado!
10.- Termina la reunión con algún audiovisual motivador, que les transmita un mensaje positivo y de optimismo con respecto a la labor que todos tenemos entre manos. Con ello, conseguirás que se vayan a sus casas con un buen sabor de boca. Como muestra, éste es el video que elegimos nosotros:
Ya para terminar esta entrada, me gustaría comentaros brevemente cómo planteamos nuestras reuniones este curso. En 5º de Primaria, las sillas se dispusieron en grupos antes de abrir las puertas, de modo que los asistentes se sentaban dónde querían, pero respetando esa distribución. A cada grupo se le asignó un "proceso" (lenguaje propio del Sistema de Gestión de Calidad...), y tras debatir entre ellos, cada grupo debía acordar una serie de preguntas que les querían a los tutores sobre ese proceso concreto (tal y como se vé en la fotografía que ilustra esta entrada). Así, un grupo pudo plantear sus dudas acerca de la evaluación, otro acerca de las actividades complementarias y excursiones...
Sin embargo, en 6º de Primaria, el planteamiento fue diametralmente opuesto. El salón de actos se dispuso en círculo, y eran los tutores los que les realizaban preguntas a los asistentes. Por ejemplo: "¿de dónde pensáis que salen las notas de vuestros hijos?" o "¿qué excursiones creéis que haremos este curso?" (por contrastar los mismos procesos que en 5º). A partir de sus aportaciones, se establecía un diálogo entre todos y se completaban las informaciones que queríamos dar.
Antes de empezar a desarrollar la reflexión que me ha suscitado la lectura de este libro, creo que es importante establecer dos premisas fundamentales:
1.- No conozco al Sr. Dalmases, ni como profesor ni como escritor (vamos, que no he leído ningún otro libro suyo aparte de este). Si estáis interesados en conocer algo más de este escritor y profesor de instituto, os dejo aquí el enlace a la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Antoni_Dalmases Así pues, la opinión que pueda tener de él como docente está basada en mis impresiones a partir de esta lectura. En cualquier caso, como cualquier profesional de la educación entregado a su trabajo, tiene todo mi respeto.
2.- Detesto que a la educación se le ponga "apellido". Estoy cansado de esa guerra fratricida que algunos se empeñan en avivar entre la pública y la concertada/privada. No me voy a extender más aquí, creo que, más adelante, dedicaré una entrada en este blog a expresar mi opinión al respecto.
Dicho esto, voy a empezar por comentar algunas generalidades sobre esta obra, para que nadie se lleve a engaño. Se trata de un compendio de pensamientos y opiniones que el autor realiza sobre la mayoría de elementos y agentes que conforman el actual sistema educativo. No pretende ser (lo cual es loable) un libro que trate de convencer a nadie de nada en concreto y eso lo deja muy claro el Sr. Dalmases desde el principio. Él manifiesta sus opiniones, y el lector puede estar de acuerdo con ellas, o no estarlo. Por ello, es fundamental leerlo con espíritu crítico y cierta personalidad propia, para no caer en el error de convertir lo que se lee en "dogma de fé".
En segundo lugar, y aunque esto tenga una relativa importancia, quiero advertir que yo he leído la versión original del libro, escrita en catalán, y desconozco si ésta ha sido traducida al castellano. Lo comento, fundamentalmente por si hay alguien a quien pica la curiosidad tras la lectura de esta entrada en el blog y busca la obra.
Voy a empezar por aquellos aspectos del libro que más me han gustado, de entre los cuales destaco la locuacidad y claridad con la que expone sus ideas el autor. El libro es directo, claro, y no deja lugar a malas interpretaciones. También me parece admirable la valentía que demuestra al opinar sobre todo y sobre todos, sin pelos en la lengua, defendiendo sus argumentos con criterio propio. En general, el libro se lee con mucha facilidad y resulta entretenido, en algunos momentos incluso divertido, gracias al estilo que usa el autor en toda la obra, con un abundante uso del sarcasmo y la ironía. Y todavía quiero destacar un aspecto más. A lo largo de todas sus páginas, se trasluce la gran vocación docente que tiene su autor. Se nota que es un profesor al que le gusta el trabajo que hace, que no lo cambiaría por nada en el mundo, y que se entrega a su profesión en cuerpo y alma.
Desde las primeras páginas del libro, el autor nos describe una serie de situaciones que él ha vivido en primera persona, con las cuales nos será muy fácil identificarnos, ya que todos los docentes nos hemos visto envueltos, antes o después. Eso hace que nos resulte sencillo identificarnos con aquello que estamos leyendo, y por tanto, nos veamos absorbidos por la lectura. Y, como ya he dicho anteriormente, el autor "toca todos los palos", expresando su opinión acerca de agentes que van desde la administración educativa, hasta los propios compañeros de instituto, pasando por alumnado, familiares...
Personalmente, estoy de acuerdo con las opiniones que manifiesta sobre los responsables de la administración educativa y los políticos que dictan la legislación educativa, como también lo estoy, en general, con otros capítulos que dedica a la formación inicial del profesorado, al poco prestigio del que goza actualmente nuestra profesión...
Y ahora, vamos a la parte con la que no estoy, en absoluto, de acuerdo. Como ya he dicho, no he tenido la oportunidad de trabajar con el Sr. Dalmases, pero por lo que deja traslucir a lo largo de estas páginas, tengo la sensación de que se trata de un profesor "de los de toda la vida", uno de esos que tienen como lema aquello de "la letra con sangre entra". Según su opinión, todos los males que aquejan a la escuela hoy en día, son ajenos a ella. Critica a las familias, al alumnado, al profesorado, a la administración... a todos, ¡menos a la propia escuela! Según se desprende de sus opiniones (o, al menos, eso he entendido yo), la escuela está bien como está y no necesita ningún cambio o, como mucho, deshacerse rápidamente de todos aquellos elementos que impiden el normal funcionamiento de las clases. Y, se refiere, por supuesto, a las clases magistrales, porque no concibe otro modo más efectivo de que el alumnado aprenda.
Leer este libro resulta ejemplificante de porqué la escuela sigue anclada en un modelo obsoleto y muy lejos de lo que demanda la sociedad actual. Son mentalidades como la del Sr. Dalmases las que frenan la evolución de los centros educativos hacia algo mucho más actual y conectado con los intereses del alumnado y con sus necesidades futuras. Y, precisamente por ello, me ha gustado leer este libro. Porque me ayuda a conocer los argumentos que tienen los inmovilistas para poder crear los míos propios, rebatir ese conservadurismo y defender la revolución educativa.
Recomiendo a todos los docentes, como ya he dicho antes, que dediquéis un tiempo a leer esta obra. Disfrutaréis con ella, al tiempo que os suscitará la reflexión. Y, además, así tendré más compañeros de profesión con quien debatir, tanto sobre el propio libro como sobre el estado actual (y futuro) de la educación en nuestro país.
P.D.: supongo que el Sr. Dalmases no leerá jamás esta entrada en el blog, pero por si acaso lo hiciera (que hoy en día la tecnología puede provocar situaciones insospechadas), le pido perdón por alguna opinión que haya podido molestarle (nunca sería mi intención) o por los más que seguros errores de sintaxis que haya cometido en mi redacción (y él o cualquiera que haya leído su libro, ya me entenderá).
Conductismo, constructivismo, cognitivismo... son paradigmas educativos con los que cualquier docente estará totalmente familiarizado, seguramente porque los estudiamos en la facultad de Magisterio. Sin embargo, es más que posible que exista un nuevo paradigma educativo del cual muchos todavía ni siquiera hayan oído hablar. Se trata del conectivismo, principio formulado por los autores americanos George Siemens y Stephen Downes.
No es mi objetivo en esta entrada explicar los principios fundamentales de este paradigma moderno. Para ello, os recomiendo a todos que acudáis a la fuente original y leáis la obra cuya portada podéis ver en la imagen superior. No obstante, por si no tenéis la posibilidad de acceder al libro, este resumen os puede servir para haceros una idea básica de qué es el constructivismo.
Como habréis podido observar , el conectivismo nos ofrece un marco teórico perfecto para impulsar un cambio en el modelo de escuela actual, de forma que ésta responda a las demandas de la sociedad del siglo XXI. Este paradigma se centra únicamente en cómo podemos aprender hoy en día, usando la tecnología que tenemos a nuestra disposición con tanta facilidad. No encontraréis en esta obra ningún capítulo dedicado a la neurología, ni a cómo el cerebro asimila los aprendizajes. No. Se trata de un tratado fundamentalmente práctico, lo cual es muy de agradecer. Además, tampoco es una obra demasiado extensa. La edición que adquirí yo tenía en torno a las 200 páginas, y su lectura es sencilla y muy fácilmente asimilable.
De todos modos, como sucede con otras obras de la misma naturaleza, lo mejor que puedo decir de esta obra es que motiva a la reflexión posterior. Como docente en activo, agradezco mucho cualquier estímule que me provoque análisis e interiorización, ya que considero que me ayuda a mejorar en mi práctica. Esta obra no plantea en ningún momento cómo trasladar a un aula aquello que plantea, por lo que queda a criterio del lector, realizar una propuesta concreta.
Así pues, tras el nombrado proceso de reflexión, pienso no es posible realizar un planteamiento general sobre este asunto concreto. Pienso que lo más apropiado es partir de la realidad del aula en la que trabajas, de la disponibilidad y accesibilidad de nuestro alumnado a determinados recursos tecnológicos. Para ello, el pasado curso diseñé una encuesta que, aunque seguro que es muy mejorable, nos ofrece datos interesantes sobre esta cuestión. Os dejo, a continuación, los resultados obtenidos el pasado curso en una aula de 6º de Primaria:
Obviamente, esta encuesta debería pasarse cada vez que el tutor empieza con un curso nuevo. Incluso me atrevo a proponer que sería muy interesante introducir esta encuesta como parte de una unidad de acogida y evaluación inicial que se implantara sistemáticamente durante el mes de septiembre. A partir de ahí, y en función de los resultados obtenidos y el posterior análisis realizado, se debería plantear una actuación concreta para cada caso particular. Y ahí es dónde me surgen las principales dudas, sobre todo por el nivel educativo en el que trabajo, que actualmente es 6º de Primaria:
- ¿Sería éste un buen momento para empezar a presentar herramientas y recursos tecnológicos con los que el alumnado empiece a construir su propio Entorno Personal de Aprendizaje (PLE)?
- ¿Cuáles serían las herramientas básicas con las que empezaríamos?
- ¿Deberían ofrecerse los mismos recursos a todo el alumnado? ¿O, por contra, sería más útil personalizar?
En fin, como véis, la lectura de esta obra me ha reafirmado en muchas de mis creencias, pero también me ha provocado muchas preguntas. Uno de los propósitos que tengo para este curso es seguir avanzando en la reflexión de estas cuestiones, pero llevando a la práctica diferentes propuestas, evaluándolas y, por supuesto, compartiéndolas con vosotros. Y ojalá sirvan para provocar también la reflexión en algunos de vosotros, reflexión que a la vez sea llevada a algún aula... O mantendré informados. ¡Empezamos!